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Mi historia

En corto

Cristina López Casas es una pintora chilena y mexicana radicada en Oaxaca, México.

Estudió Diseño Gráfico en Chile, 1987, en la Universidad Católica de Valparaíso y emigró a los Estados Unidos de América en 1990. Se mudó a México en 2003 y aquí empezó a pintar.

Terminó una maestría en pintura en la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM (2013) en la Ciudad de México.

Seleccionada en el Concurso de Artes Plásticas "Pérez Romo" de la Universidad de Aguascalientes (2014).

Mención honorífica en el catálogo de ilustradores de FILIJ (2014). 

Seleccionada artista del mes en la Galería José María Velasco en la colonia Peralvillo, CDMX (2015).

Tiene un artículo publicado en la revista "Brumal" de la Universidad Autónoma de Barcelona, sobre Arte Fantástico de México (2013).

Imparte cursos de pintura con veladuras, en instituciones locales y de manera individual en su estudio de Oaxaca.

Actualmente algunos de sus cuadros se pueden ver en Oaxaca en la Galería El Tinglado Gráfico.

Semblanza
por Amanda Ruiz

Educada en nuestra famosa Escuela de Arquitectura y Diseño de Valparaíso, acá en Chile, la maestra Cristina tiene dos migraciones a sus espaldas y vivencias en tres culturas: la chilena primero, la estadounidense luego (donde crio a sus hijos), y al final la mexicana. Después de varios años en negocios propios y ajenos, es en México donde decide dedicarse a la pintura, pasando primero por la Academia San Carlos, donde hizo su maestría, para terminar esa etapa académica con su publicación en “Brumal”, la revista de la Universidad Autónoma de Barcelona, sobre Arte Fantástico. En ese artículo Cristina explica que la fantasía es una estructura de confrontación entre dos opuestos; lo conocido y lo desconocido. Esta estructura nos lleva desde Horace Walpole hasta Francisco Toledo en Oaxaca; está en la literatura como en las artes visuales y va cambiando según las épocas, comenzando por la fantasía clásica, sigue con la moderna, que incorpora el aspecto psicológico de lo desconocido, y evoluciona hacia una fantasía posmoderna, mejor entendida en Latinoamérica con Borges. Esta estructura de confrontación es usada para presentar ideas que son mensajes o críticas, problemas y sentires de la época. A este continuo llega Cristina con sus retratos inventados: la figura en un fondo es el cuerpo fantástico; ficción psicológica, viajes a otros cuerpos, proyecciones. Cristina en el espejo preguntándose quién es ella. Lo desconocido mirado de frente, sin ser producto comerciable pero tampoco despreciando la belleza encontrada. Un amplio espectro de emociones es posible; desde repulsiones prejuiciosas y automáticas frente a lo desconocido de nuestro propio cuerpo, hasta contemplaciones amorosas, tiernas y hasta humorísticas.

Sobre su vida en México, Cristina nos cuenta:

“Aunque parezca contradictorio, la naturaleza sorprendentemente diversa de Oaxaca y las múltiples estéticas colectivas me inspiran a buscar mi propio estilo, a enfocarme en la pregunta de quién soy yo. Esa pregunta que a mí me llegó desde la India, en los 80 en Chile. Quizás porque mi país no podía responderla, escapé a EU. Pero mi pintura está anclada allá, para usar una metáfora marítima, en el puerto de Valparaíso mirando al horizonte, anhelando una patria justa. Tuve suerte, mi historia puede verse desde una luz positiva también. Viví un buen momento en EU, y mis hijos se beneficiaron de lo mejor de allá. Sin embargo, si no hubiera tenido que de salir de ahí, creo que habría sido más difícil lograr tener mi cuarto propio para pintar. Eso sólo lo vi posible acá en México. Puede que hubiera ocurrido en cualquier otro lado, porque yo ya estaba lista. Pero ocurrió aquí y las razones son evidentes para mí”.

Para analizar la obra de Cristina debemos observar varios aspectos a la vez. Aquí van, desde lo más obvio a lo más especulativo:

• Veladuras académicas para la piel: Poniendo atención podemos intuir imprimatura roja. Luego 4 capas definidas, cada una pintada sobre una capa de barniseta que se aplica sobre la capa seca. Primera, claro-oscuro + Segunda, verdaccio c/blanco + Tercera, sienna c/blanco + Cuarta, colores locales. Vemos a veces múltiples veladuras posteriores. Estamos frente a una artista que valora la tradición y su herencia europea. No hay economía de pasos para un máximo efecto nostálgico. Sabemos que su maestría la escribio con la tutoría de la Dra. Olga Sáenz del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, y que su tesis incluye como anexo la técnica de las veladuras paso a paso, como se usaron durante todo el tiempo de la colonia. De entrada y solamente por este detalle de pintar como una conquistadora en tierras mexicanas sabemos que esto podría levantar resentimientos, sin embargo, no hay evidencias de tal cosa.

• Paleta (sin azul): solamente blanco y negro, rojos y amarillos. Algunos cuadros al final del catálogo tienen azul porque este cambio sutil o drástico, dependiendo de cómo se interprete, comenzó recién en el año 2024. Al renunciar al azul la paleta ya deja atrás el realismo definitivamente. Es la misma paleta de Zorn, de Nerdrum, simbólica y kitsch, pero traducida a México, con rosas y morados color tichinda.

• Figuración fantástica: La paleta no es lo único que nos advierte de la fantasía. Cuando se trata del cuerpo vemos que Cristina no está interesada en representar el cuerpo para mostrar buen dominio de la mímesis. Están las mínimas luces y sombras, mínimo dibujo de línea, para reconocer, sobre todo, el cuerpo y el rostro animado. Esto de los personajes es una apuesta arriesgada si una artista quiere competir en las ligas del arte contemporáneo, ella misma lo dice así:

“Yo empecé después de que mis hijos se fueron, pasando los 40, como extranjera y sin ningun conocido que me echara la mano, ni siquiera Álvaro Covacevich, el arquitecto anticuario primo de mi papá que vivía en Coyoacán. Ya estaba trabajando el museo de la Moneda en Santiago y yo quién era? Empecé como secretaria, haciendo trabajos de oficina, en el Abierto Mexicano de tenis, y más de 5 años en la industria Inmobiliaria como asset administrator reportando a mi jefa en Atlanta. Con lo ahorrado y lo que heredé de mi papá, me enfoqué en estudiar pintura como si tuviera 20 años. Quería descubrir si era posible pintar algo personal, aunque todo indicaba que ya nadie creía en lo personal. Me lo dijo el Dr. Medina: lo que yo hago no tiene cabida en el arte contemporáneo. En realidad, me hizo un favor al etiquetarme de outsider. De todos modos, nada me iba a impedir explorar la posibilidad de lo auténtico. Al principio no me interesaba la belleza. Yo creía que tocando las emociones que son importantes para mí, eso sería importante para otras personas. A lo mejor no iba a responder a lo que la gente joven estaba haciendo, pero por lo menos sería algo poético, un salto hacia lo humano, lo que sea que eso pueda significar. Yo quería explorar por mi cuenta y ver si es cierto que lo personal es también impersonal. De esa manera se cumpliría una especie de realización, que implicaría la importancia de mi propia pintura. Yo quería representar la vida entera, pero sin copiarla. Siempre me interesó la ficción más que la realidad”.

• Aspectos narrativos: Se trata de una humana en un contexto desconocido con posibles mensajes. Es una pintura que se presta para interpretaciones filosóficas y poéticas, que a veces vienen de realidades físicas y biológicas. En otras palabras, esta pintura es un trampolín para las posibilidades interpretativas, pero con una estructura de confrontación de conceptos similar a la construcción de fantasía en la literatura. Por un lado, tenemos elementos que nos sirven para construir una confrontación de ideas sobre la mujer y su vida, y al mismo tiempo esta obra está abierta a la interpretación del espectador y no tiene significados unívocos. Tenemos lo conocido que es el cuerpo y lo desconocido que se extiende hacia atrás y hacia adelante, hacia afuera como hacia adentro, a nuestro propio interior, si es que existe algo verdaderamente propio. Para Cristina el arte es el acto creativo de hacer aparecer algo donde antes no había nada. Igual como lo dijo la Leonora Carrington. En las tradiciones artísticas prehispánicas y luego en las estéticas europeas y orientales que llegaron a América podemos encontrar esto en común: la fantasía como respuesta a las preguntas espirituales.

• Posmodernidad: en los aspectos formales lo que vemos es un collage de cuerpo y entorno, sin perspectiva excepto por los horizontes de mar y cerros. Podemos ver secciones pintadas de manera plana, abstracta, decorativa, junto al cuerpo que siempre tiene transparencias y se ve académico, antiguo, hasta novohispano. Hay cielos lejanos contrastados con texturas expresivas, grafías y delineados que parecen venir del campo del diseño más que de la pintura. Estamos frente a un cruce de ilustración, pop y New Age. Es fusión plástica, para usar un término musical, donde no hay verdades absolutas ni dioses, las bellas artes se encuentran con lo amateur, lo alto y lo fino se dobla hasta lo práctico, lo infantil o lo cómico.

• Figuración femenina: Podríamos entender que todos estos personajes son simplemente ejemplos de un ser humano cualquiera, hombre o mujer, joven o viejo. Pero también yo veo aquí lo que podría referirse a lo femenino en específico. ¿Cuál es el mensaje, si es que existe, en los retratos de Cristina? ¿Qué estamos viendo cuando vemos a estas mujeres, sus mujeres? Una vieja jugando con muñecas, dijo la Sra. Avelina de la Carrington. Pues entonces con mayor razón lo hace Cristina. Creo que sin lugar a dudas estamos frente a una escenificación, a una representación sublimada, un juguete un objeto o artefacto para comunicar emociones. Tengo preguntas: ¿Cuáles emociones evocan estos retratos? ¿A qué momento político en cuanto al cuerpo de la mujer, corresponde el arte de Cristina? ¿Está rechazando su propia naturaleza que priorizó los cuidados? ¿abraza una narrativa de víctima del patriarcado, como toda la agenda woke que le toca vivir? ¿Odia a los hombres que nos volvieron objetos, y ahora no puede pintar cuerpos femeninos hermosos y poderosos, porque eso sería ceder al patriarcado? No hay rastro de nada de eso. Yo pienso que Cristina se está preguntando por el presente y el futuro de las artistas. ¿Qué ocurrió después y ahora que las mujeres tienen acceso a ser artistas? El tema de la artista es un tema recurrente en la pintura de la maestra Cristina, una metáfora de la búsqueda de la libertad expresiva, la aceptación del cuerpo y la realización de que nosotras, cada una de nosotras somos el centro de la experiencia humana, no tenemos que seguir a nadie. Esta mirada de poder no rechaza la locura, ni la pareidolia, ni la psicodelia. Abraza el erotismo y la maternidad; lo kitsch y lo spiritual, la psicología de la iluminación y el mundo de las artesanías. Desde lo más sagrado que es la mirada de una madre sobre su bebé hasta la rabia feminista: estamos viendo a la mujer desde su inocencia infantil, hasta la madurez, todas sus edades y conflictos; creaciones, amores y dolores. Esta es una pintura íntima, menor, marginal, no está para grandes lobbies corporativos.

• El proceso. Cristina dice que es igual al de Ítalo Calvino: el que usa y describe en su novela Si una noche de invierno un viajero. El proceso a diferencia de la novela, está oculto en la pintura finalizada. Capa tras capa el personaje va cambiando y se va definiendo y cobrando experiencia a través del azar de las pinceladas, la pareidolia y la memoria de algún rostro visto en el celular. No hay bosquejos ni emociones determinadas previamente, es el automatismo surrealista pero disciplinado para dar sentido a lo creado. Lo que antes se llamaba inspiración divina, o de las musas, y que ahora sabemos que es un proceso complejo de intuición, memoria y pura necedad de querer crear algo nunca visto. En realidad, no sabemos por qué creamos, solo hay especulaciones. Más que talento es la disciplina del taller aplicada a la búsqueda de la belleza. Cristina se ha demorado en confesarlo:

“La belleza tiene mala reputación. Sobre todo, en el arte. Podemos decir que es el tabú del arte contemporáneo. Pero a mí ya no me engañan los falsos profetas. Yo trabajo como artesana, que es también similar a como trabajan los dentistas. Yo crecí entre mesones de trabajo llenos de materiales, herramientas y procesos para todo. Diseñando soluciones, aprendí que la belleza está en dominar a la materia con amor. Mi madre y padre eran dentistas, esteticistas, doctores en asuntos de la boca, nuestra zona más ocupada, erógena y fundamental para nuestra nutrición. Un dentista inventa soluciones cada vez. No se repite nunca porque cada humano es diferente a los otros. Un artesano es valorado en la sociedad porque ofrece productos asequibles hechos de maneras preindustriales que no debemos de despreciar. Debemos conservar las labores creativas porque son fundamentales para nuestro desarrollo como humanos sensibles”.

Con esos pilares fundamentales Cristina construye su obra, con referencias a la naturaleza, la cultura, el arte, la ciencia y el cuerpo. El cuerpo en psicotrópicos, como yogini, de malabarista, pintando y contemplando, meditando y mostrándose vulnerable. No veremos aquí señales de violencia nihilista, ni expresionismo agresivo, nada autoflagelante ni avergonzado. El mensaje es bastante seguro y positivo, algo saludable, un momento de descanso y apreciación de lo bello que existe en el mundo. Y así sumergidos en estas atmósferas alucinantes, el ansia de escapar se calma y… por unos momentos llegamos a puerto.

 

Amanda Ruiz

Valparaíso, 2025.

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